AADEFARM Asociación Argentina de Derecho Farmacéutico.

Institución No Gubernamental (ONG) Sin Fines de Lucro cuya obra de interés general adhiere a las recomendaciones de la OMS/OPS a través de acciones que contribuyen en la compleja relación entre la Industria de Medicamentos, Propietarios de Farmacias, Profesionales Farmacéuticos y Médicos, Auxiliares, Droguerías, Distribuidores y Pacientesal Mejoramiento de la Vida de las Personas, de la Calidad de la Salud Colectiva, de la Atención de los Pacientes, del Esclarecimiento y Prevención de Responsabilidad, Mala Praxis y Conflictos, de la Gestión, Auditoria, Mediación, Conciliación y Arbitraje.

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Responsabilidad del Profesional Médico Cirujano. Fracaso de la Intervención quirúrgica

Responsabilidad del Profesional Médico Cirujano. Fracaso de la Intervención quirúrgica
101.272 - CNCiv., sala G, 2000/07/07 - L., G. M. c.L.,M.B.

2a Instancia. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires, julio 7 de 2000 Aires, julio 7 de 2000.
1. El fracaso de varias intervenciones quirúrgicas practicadas a un paciente no genera responsabilidad del médico que actuó con la debida pericia para tratar una dolencia—en el caso, malformación en la uretra peneana— cuya corrección no siempre se logra en una primera operación.
2. El médico cirujano no es responsable por las complicaciones posteriores a la operación que constituyen un hecho aleatorio -en el caso, la corta edad del paciente favoreció la aparición de fístulas luego de las operaciones realizadas para corregir una malformación en la uretra peneana- y dependiente de las contingencias propias de la dolencia o enfermedad.
3. El médico que realizó varias intervenciones quirúrgicas fracasadas -en el caso, por la aparición de complicaciones post operatorias- no incurre en mala praxis si adoptó los recaudos comúnmente utilizados para corregir la dolencia, y aun cuando ésta se haya revertido con intervención de otro profesional, pues sólo generan responsabilidad la culpa evidente, la negligencia significativa y la imprudencia manifiesta.

Por lo que resulta de la votación de que instruye el acuerdo que antecede, confirmar la sentencia apelada, en todo cuanto decidió, y fue motivo de agravios, con costas de alzada al actor. Carlos A. Bellucci - Leopoldo Montes de Oca - Roberto E. Greco.

(*) DE LA SEVERIDAD O DE LA LENIDAD PARA JUZGAR LA MALA PRAXIS MEDICA
Después de señalar la no responsabilidad del medico cirujano que operó a un menor tres veces, por falta de culpa en su desempeño y al ser inobjetables, según la prueba de los peritos, la técnica empleada en ellas, y porque no llegó a probarse concretamente la negligencia, impericia o imprudencia del profesional, en el fallo que se anota se declara, en primer lugar ~ que el principio teórico según el cual el riesgo terapéutico de las intervenciones quirúrgicas tiene que ser menor a los riesgos propios de la enfermedad que se quiere curar, en el plano práctico no es así, pues la medicina no es una ciencia exacta. Asimismo, y con declaración también obiter dicta, se sostiene que sólo la culpa evidente, la negligencia significativa y la imprudencia manifiesta dan paso a la sanción, apoyándose en varios antecedentes de la sala que interviene. Tal ha sido la interpretación en otros casos de diversas salas del fuero civil de la Capital Federal, en los que se adujo, si bien señalando los arts. 512 y 902 del Cód. Civil y empleando a veces otras palabras que, para el diagnóstico y tratamiento la responsabilidad del médico solamente puede declararse por faltas graves, evidentes y groseras infracciones en el arte de curar (CNC1v., sala C, 6/4/1976, LA LEY, 1976-C, 67, con nota de Jorge Bustamante Alsina, “Responsabilidad Civil de los médicos en el ejercicio de su profesión”; íd.. 10/ 12/ 1981, ED, 98-577). Con esta apreciación se trata de evitar, según se ha expuesto en una oportunidad, demandas extorsivas o malévolas que pongan en jaque a los facultativos, obligándolos a probar a cada momento su diligencia (CNCiv., sala F, 24/9/1985, JA, 1986-III--310/1).

Esta posición de principios que pareciera recurrir a la culpa grave como atribución de responsabilidad en la obligación contractual de los médicos, y que viene a considerar el juzgamiento de la mala praxis en este campo de la profesión con especial indulgencia, exigiendo la prueba de la acusada e importante culpa en el desempeño del cirujano, tiene en la misma Cámara Civil y frente a resultados negativos, antecedentes contrarios. En efecto, en algunos se ha sostenido el criterio de que no hay graduación de culpas en las obligaciones y la de los médicos sigue ese sistema legal, es decir que no puede hacerse la diversidad de categorías y resolverse según ellas estableciendo si tiene que ser grave, leve o levísima para considerar la responsabilidad de aquéllos, pues la culpa leve absorbe a la grave (CNCiv., sala D, 26/2/1999, LA LEY, 1999-F, 21, con nota de Roberto Vázquez Ferreyra, “Responsabilidad civil médica. Error en el diagnóstico patológico. Valoración del culpa profesional. Pérdida de la “chance” como daño indemnizable y otras interesantes cuestiones”). En otros se han puesto especialmente de relieve las exigencias que emergen del art. 902 del Cód. Civil, es decir que, cuanto mayor sea el debe de obrar con prudencia y pleno conocimiento d las cosas, mayor será la obligación que resulte de las consecuencias posibles de los hechos, extrayendo de allí un criterio mucho más severo frente al resultado negativo de la actuación del médico y juzgando el quehacer del facultativo con especial rigor, al admitir cualquier clase de falta para sostener su responsabilidad (CNCiv., sala A, LA LEY, 1977-D, 92; sala K, 7/9/1989, JA, 1990-1-222; sala D; 9/8/1989, LA LEY, 1990-E, 416, con nota de Roberto Vázquez Ferreyra, “Responsabilidad civil de los sanatorios y culpa médica”, entre otros). Aunque también se ha distinguido aplicando el concepto más severo a la cirugía, pero descartándolo en el diagnóstico y tratamiento médicos (sala B, 11/9/1985, LA LEY, 1986-A, 410/1) y, especialmente, este rigor se considera frente a la cirugía estética (sala E, 20/9/ 1985, LA LEY, 1986-A, 467/8).

Se exponen así los disimiles puntos de vista a la hora de examinar los elementos y comportamientos que se juzgan, si bien atendiendo generalmente a los diversos desempeños y clases de prácticas médicas, pues en algunos casos aparecen los jueces con particular lenidad en sus sentencias, dando pie a la graduación de las culpas pero apoyándose en la necesidad de que sea grave y, en otros, atendiendo a los males que han ocurrido en el operado y como consecuencia o a causa de la operación, se juzga ese desempeño profesional, muchas veces de especialistas, con mayor intransigencia poniendo a su cargo toda falta, aun la más leve, debido a la preparación que se supone le es inherente, especialmente tratándose de los cirujanos. Es claro que esta disparidad de criterios muchas veces tiene fiel reflejo en las circunstancias de la causa y particularmente en las pruebas aportadas, por donde las declaraciones de una u otra postura, sólo reflejan un criterio que se aporta obiter dicta, y no pasan de una subjetiva posición del juzgador, como se comprueba con el caso ano-tado, en donde la absolución del médico responde fundamental y concretamente del análisis de la pericial producida.
 

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